
pañía de Jesús, la mayor responsabilidad
para la formación, sea moral o intelectual,
no reside en la disciplina o en la actividad
dentro o fuera de las aulas, sino en los mis
mos educadores (Cfr. UNIVERSIDAD CATÓ
LICA DE CÓRDOBA, 2001) quienes deben
procurar conocer a sus propios alumnos, sus
cualidades, sus dificultades, su ambiente
familiar, a fin de colaborar del mejor modo
posible , y en un clima de respeto a su ma
duración personal.
La Ratio Studiorum pone de manifiesto
un proyecto educativo profundamente huma
nista, inspirado en una concepción del mun
do, del hombre y de Dios que nace funda
mentalmente en los Ejercicios Espirituales y
se sostiene en la experiencia del "magis" in
dividual y colectivo, capaz de transformar el
interior de la persona.
En los Colegios Jesuítas de los primeros
tiempos, los estudios académicos que lleva
ban adelante los alumnos y las tareas peda
gógicas que realizaban sus profesores iban
de la mano de la práctica de los Ejercicios
Espirituales, lo que significa que el proceso
educativo ofrecido en estos Colegios, a la
par que proporcionaba una sólida formación
académica, conducía a los alumnos a cono
cerse profundamente a sí mismos, lo que
modelaba la personalidad y el modo de ser.
Los Ejercicios Espirituales pueden ser
considerados una pedagogía de perfeccio
namiento personal. "Son ejercidos riguro
sos del espíritu, que comprometen íntegra
mente al cuerpo, a la mente, al corazón y al
alma de la persona humana. En su desarro
llo ofrecen temas de meditación y realida
des para la contemplación, sentimientos que
deben evaluarse, posibilidades que hay que
explorar, opciones que considerar, alterna
tivas que sopesar, juicios que formular y
elecciones que hacer, en orden a un objeti
vo global único: ayudar a las personas a
buscar y hallar la voluntad divina" (ACEJA,
1996:143). Para Ignacio constituyen un pe
ríodo de entrenamiento en el camino del ser
vicio de Dios donde el maestro es el perso
naje clave que orienta una experiencia
personalizada que cada ejercitante hace por
sí mismo.
El paradigma ignaciano
La pedagogía ignaciana tiene como ins
tancias fundamentales la experiencia, la
reflexión y la acción, las que traducen la
dinámica que subyace tras los Ejercicios
Espirituales. Este modelo -que es reconoci
do como el paradigma ignaciano-, cuando
se vincula a los aprendizajes académicos
que se llevan a cabo en un ámbito educati
vo formal, se integra con los siguientes com
ponentes: Contexto, Experiencia, Reflexión,
Acción y Evaluación, que constituyen el nú
cleo de los procesos de enseñanza/apren
dizaje. Pueden ser considerados como el
modo adecuado de proceder para ayudar a
los alumnos en su desarrollo personal,
El Contexto
Según el pensamiento de Ignacio de
Loyola toda acción evangellzadora, para que
sea tal, debe considerar que tiene como es
cenario diferentes espacios y lugares, ocu
rre en distintos tiempos y se lleva a cabo en
el interior de diversas personas. Esto hace a
cada una un proceso original, único, particu
lar, que no puede ser nunca igual a otro. Los
tiempos, los lugares y las personas definen
el contexto en el que estos procesos se dan.
En los Ejercicios Espirituales el contexto
está dado por la experiencia y la historia
particular del ejercitante y en los procesos
académicos debe ocurrir otro tanto ya que,
como experiencia humana, nunca ocurren en
el vacío. La atención personal y la preocupa
ción por el contexto donde tiene lugar la prác
tica pedagógica es un distintivo de la educa
ción ignaciana, lo que lleva a que la persona
se sienta considerada, respetada, reconoci
da en su realidad personal, social y cultural.
’PedoqóqúMl.. Año IV, N° 8, octubre 2006. Pag. 85-90
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