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Algunas referencias acerca
de la pedagogía ignaciana
Susana Carena *
Al cumplirse el 50 aniversario de la Universidad Católica de Córdo
ba, desde 'P c c ú iy á < ¡f¿ c o & quisimos compartir con nuestros
lectores los ejes principales de la pedagogía ignaciana, que es el para
digma educativo que orienta todo el trabajo de nuestra Universidad.
La Com pañía de Jesús y la Ratio
Studiorum
Este artículo intenta dar a conocer al
gunos rasgos centrales de la pedagogía
ignaciana, la que, como su denominación lo
señala, nace en el pensamiento educativo
de Ignacio de Loyola, fundador de la Com
pañía de Jesús.1
La experiencia interior de Ignacio en
Manresa,2 fundada en el discernimiento
acerca del sentido de su propia vida, le
develó que cada hombre tiene una voca
ción concreta a la que puede aproximarse
en el camino de su formación personal cuyo
descubrimiento tiene la posibilidad de de
volverle la libertad. Es posible suponer que
ésa fue su intención educadora: ayudar a
los venes a encontrarse con la verdad que
se encuentra en el llamado de amor que
Dios le ha hecho al regalarle la vida, y de
este modo y a través de su respuesta, ha
cer realidad el Reino de Dios en la tierra.
Ignacio comprendió que por medio de
la obra educativa podía proyectar univer
salmente los fines de la Compañía de Jesús
y desde mediados del siglo XVI los Cole
gios Jesuítas se expandieron por Europa y
América desarrollando sus prácticas peda
gicas de acuerdo a la Ratio Studiorum,
documento que permitió la organización de
este nuevo sistema pedagógico que
innegablemente marcó la historia de la cul
tura y de la educación occidental por más
de cuatro siglos.
* Doctora en Ciencias de la Educación. Directora del Centro de Investigación de la Facultad de Educa
ción de la Universidad Católica de Córdoba. Presidente del Consejo Católico para la Educación de
Córdoba. Docente de la Universidad Católica de rdoba y de la Universidad Tecnológica Nacional
(Facultad Regional Córdoba). Córdoba, Argentina. E-mail: reduc@uccor.edu.ar
1 Ignacio de Loyola nace en Azpitia, España, en el o 1491 y funda la Compañía de Jesús en París en el
año 1538.
2 Manresa es el lugar donde Ignacio de Loyola realiza sus primeros Ejercicios Espirituales.
'PcdaxpóqíMl: Año IV, N° 8, octubre 2006. Pág. 85-90
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Algunas referencias acerca de la pedagogía ignaciana
La Ratio consolidó un orden educativo
encaminado a la formación de ciudadanos
probos y virtuosos. Su pedagogía pretendía
unir virtud con letras, la vida con la ciencia,
la conducta con el saber; lograr la síntesis
entre la teoría y la práctica, entre el pensar
y el hacer, el razonar y el creer. Para Igna
cio educar significaba, antes que hacer per
sonas eruditas, mejorar personalmente a
quien es educado. "No es suficiente que los
alumnos por medio de su trabajo se con
viertan en sabios sino que es necesario lle
varlos a querer trabajar y a querer ser sa
bios" (UNIVERSIDAD CALICA DE CÓR
DOBA, 2001:72).
Desde el año 1986 hasta el año 1993
desde la Compañía de Jesús se hizo la
relectura de la Ratio Studiorum teniendo en
cuenta "los tiempos, las personas y los lu
gares" de esta nueva época. Se publicaron
entonces una serie de documentos que pro
porcionan la información necesaria para dar
cuenta de lo que se denomina actualmente
"la pedagogía ignaciana".3 A través de su
estudio, se descubren los temas centrales
que la distinguen desde los que se hace un
aporte significativo a la educación, en una
época donde predomina una mirada utilitaria
en torno a la misma. Estos temas aluden a
la finalidad y las metas que se espera lo
grar tras los procesos formativos; la impor
tancia que se otorga a la figura del educa
dor y a las instancias educativas que develan
los ejercicios espirituales y que constituyen
el paradigma ignaciano.
La pedagogía ignaciana
Tal como hace 400 años, la educación
jestica, preocupada por la formacn total
de cada estudiante, intenta promover en los
alumnos la búsqueda del significado de la
vida y el compromiso con la realidad donde
la misma se desarrolla. "El objetivo de su
educación es ayudar al desarrollo lo más
completo posible de todos los talentos da
dos por Dios a cada persona individual,
como miembro de la comunidad humana"
(CONEDSI, 1993:137).
El Padre Kolvenbach señala que la Com
pañía de Jesús busca una educación que co
labore con la maduración de la persona: "Se
espera que los alumnos sean personas equi
libradas, intelectualmente competentes,
abiertas al crecimiento religioso, compasi
vo y comprometido con la justicia en el ser
vicio generoso al pueblo de Dios"
(CONEDSI,
1993:138).
Tal objetivo requiere: "una total y pro
funda formación de la persona humana, un
proceso educativo de formación que intenta
la excelencia: un esfuerzo de superación para
desarrollar las propias potencialidades, que
integra lo intelectual, lo académico y todo lo
demás" (CONEDSI, 1993:138).
En el interior de estos procesos y res
catando la figura del educador, el Padre
Kolvenbach sostiene que "sin vínculos de
amistad, gran parte de la fuerza única de
nuestra educación se perdería. Una relación
auténtica de confianza y amistad entre el
maestro y el alumno es una condición fun
damental para todo crecimiento genuino en
valores" (UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CÓR
DOBA, 2001:78).
La importancia que se otorga al educa
dor aparece ya en la Parte IV de las Cons
tituciones de la Compía, donde Ignacio
propone el ejemplo personal de los profe
sores en primer plano, como medio apostó
lico para ayudar a los estudiantes a crecer
en valores. En coherencia con esta afirma
ción, en una institución educativa de la Com-
3 Consultar: CERPE, 1987; ACEJA, 1996; CONEDSI, 1993; MENESES, 1988.
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P c d o fó jtca i: Año IV, N° 8, octubre 2006. Pag. 85-90
pañía de Jesús, la mayor responsabilidad
para la formación, sea moral o intelectual,
no reside en la disciplina o en la actividad
dentro o fuera de las aulas, sino en los mis
mos educadores (Cfr. UNIVERSIDAD CA
LICA DE RDOBA, 2001) quienes deben
procurar conocer a sus propios alumnos, sus
cualidades, sus dificultades, su ambiente
familiar, a fin de colaborar del mejor modo
posible , y en un clima de respeto a su ma
duración personal.
La Ratio Studiorum pone de manifiesto
un proyecto educativo profundamente huma
nista, inspirado en una concepción del mun
do, del hombre y de Dios que nace funda
mentalmente en los Ejercicios Espirituales y
se sostiene en la experiencia del "magis" in
dividual y colectivo, capaz de transformar el
interior de la persona.
En los Colegios Jesuítas de los primeros
tiempos, los estudios académicos que lleva
ban adelante los alumnos y las tareas peda
gógicas que realizaban sus profesores iban
de la mano de la práctica de los Ejercicios
Espirituales, lo que significa que el proceso
educativo ofrecido en estos Colegios, a la
par que proporcionaba una sólida formación
académica, conducía a los alumnos a cono
cerse profundamente a mismos, lo que
modelaba la personalidad y el modo de ser.
Los Ejercicios Espirituales pueden ser
considerados una pedagogía de perfeccio
namiento personal. "Son ejercidos riguro
sos del espíritu, que comprometen íntegra
mente al cuerpo, a la mente, al corazón y al
alma de la persona humana. En su desarro
llo ofrecen temas de meditación y realida
des para la contemplación, sentimientos que
deben evaluarse, posibilidades que hay que
explorar, opciones que considerar, alterna
tivas que sopesar, juicios que formular y
elecciones que hacer, en orden a un objeti
vo global único: ayudar a las personas a
buscar y hallar la voluntad divina" (ACEJA,
1996:143). Para Ignacio constituyen un pe
ríodo de entrenamiento en el camino del ser
vicio de Dios donde el maestro es el perso
naje clave que orienta una experiencia
personalizada que cada ejercitante hace por
mismo.
El paradigma ignaciano
La pedagogía ignaciana tiene como ins
tancias fundamentales la experiencia, la
reflexión y la acción, las que traducen la
dinámica que subyace tras los Ejercicios
Espirituales. Este modelo -que es reconoci
do como el paradigma ignaciano-, cuando
se vincula a los aprendizajes académicos
que se llevan a cabo en un ámbito educati
vo formal, se integra con los siguientes com
ponentes: Contexto, Experiencia, Reflexión,
Acción y Evaluación, que constituyen el nú
cleo de los procesos de ensanza/apren
dizaje. Pueden ser considerados como el
modo adecuado de proceder para ayudar a
los alumnos en su desarrollo personal,
El Contexto
Sen el pensamiento de Ignacio de
Loyola toda acción evangellzadora, para que
sea tal, debe considerar que tiene como es
cenario diferentes espacios y lugares, ocu
rre en distintos tiempos y se lleva a cabo en
el interior de diversas personas. Esto hace a
cada una un proceso original, único, particu
lar, que no puede ser nunca igual a otro. Los
tiempos, los lugares y las personas definen
el contexto en el que estos procesos se dan.
En los Ejercicios Espirituales el contexto
está dado por la experiencia y la historia
particular del ejercitante y en los procesos
académicos debe ocurrir otro tanto ya que,
como experiencia humana, nunca ocurren en
el vacío. La atención personal y la preocupa
ción por el contexto donde tiene lugar la prác
tica pedagógica es un distintivo de la educa
ción ignaciana, lo que lleva a que la persona
se sienta considerada, respetada, reconoci
da en su realidad personal, social y cultural.
PedoqóqúMl.. Año IV, 8, octubre 2006. Pag. 85-90
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Algunas referencias acerca de la pedagogía ignaciana
La Experiencia
Así como el contexto es el marco de
referencia de la singularidad de los proce
sos formativos, la experiencia es conside
rada su punto de partida ya que necesaria
mente, y para que los cambios personales
y el aprendizaje muevan a la acción, deben
ser vividos tanto en la dimensn cog
noscitiva de la persona como en la dimen
sión afectiva. La experiencia va s allá de
la comprensión puramente intelectual e
involucra a toda la persona en su mente, en
su corazón y en su voluntad, lo que resalta
la importancia de crear situaciones que de
manden la actividad de los alumnos, puesto
que nada puede ocurrir en el interior de la
persona sin su participación activa. En este
orden, los Ejercicios Espirituales son, en
concreto, una experiencia personalizada que
cada ejercitante hace por mismo.
La Reflexión
La dinámica fundamental de los Ejerci
cios Espirituales supone la continua llama
da a reflexionar y discernir luego los cami
nos a seguir. Sólo después de una reflexión
adecuada sobre la experiencia y de una
interiorización del significado y las
implicaciones que se encuentran en ella, se
puede acceder libre y confiadamente a una
elección correcta de los modos de proceder
que favorezcan el desarrollo total como ser
humano.
La persona a través de la reflexión se
hace conciente de sí e indaga los sentidos y
las finalidades de las cosas y de los aconte
cimientos, lo que se vincula con el desarro
llo de la capacidad de discernimiento que
supone juzgar, valorar y decidir acerca del
valor de hechos o experiencias. El discerni
miento no está tomado como mero conoci
miento intelectual sino como el camino ha
cia el recto juicio sobre mismo y sobre
una situación de vida, donde actúan el co
razón, el entendimiento y la voluntad, en la
búsqueda de la voluntad de Dios y en el
compromiso con ella a tras del ejercicio
de la libertad.
Ignacio de Loyola hace del discerni
miento el instrumento central de los Ejerci
cios Espirituales. Su práctica puede ser con
siderada un instrumento pedagógico que
despierta procesos formativos vinculados a
la interioridad de la persona. En los proce
sos de aprendizaje académico la reflexión
supone "la consideración seria y ponderada
de un determinado tema, experiencia, idea,
propósito o reacción espontánea, en orden
a captar su significado más profundo"
(CONEDSI, 1993:22) y es considerada una
instancia educativa fundamental.
La Acción
Desde la pedagogía ignaciana a todo
proceso de reflexn y de discernimiento
debe seguirle una decisn, un compromi
so, un actuar sobre la realidad. Para Igna
cio "el amor se demuestra con hechos, no
con palabras" (CONEDSI, 1993:34). Des
de esta perspectiva, el actuar implica el
ejercicio de la libertad de la persona frente
a la elección de un camino a seguir, a la
decisión acerca del sentido que quiere dar
a su propia vida, a jugarse por determina
dos valores, a la eleccn y definición de
un proyecto de acción. El ejercicio de la
propia libertad supone la decisión que pone
en marcha la voluntad.
En este sentido, la experiencia forma-
tiva es también una experiencia socio-his
tórica y, a la vez, una experiencia de pro
ducción de historia. El mundo real se le pre
senta a la persona como un problema a re
solver: el de su propia presencia en el mundo
y la presencia en el mismo de la comunidad
a la que pertenece. La actividad formativa
es la que la persona despliega frente a esa
realidad y que se hace evidente en la deci
sión, en el proyecto, en el compromiso, en
la responsabilidad.
8 8 'PtUayóyíCoá,. Año IV, 8, octubre 2006. Pág. 85-90
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Para la pedagogía ignaciana el compro
miso encuentra su verdadera expresión en
la vida cotidiana, en el amor al prójimo, el
cuidado comprensivo de los pobres y de los
que sufren, en la preocupación profunda
mente humana por el pueblo de Dios. Es un
amor que da testimonio de fe y se expresa
a través de la acción a favor de una nueva
comunidad de justicia, de amor y de paz.
En la relectura de la Ratio se sostiene
que un mundo nuevo de justicia, amor y
paz necesita personas formadas:
- "en la competencia profesional,
- en la responsabilidad y en la compasión,
- hombres y mujeres preparados para
acoger y promover todo lo realmente
humano,
- que estén comprometidos en el trabajo
por la libertad y dignidad de todos los
pueblos,
- que tengan voluntad para hacerlo en co
operación con otros igualmente dedica
dos a modificar la sociedad y sus estruc
turas" (ACEJA, 1996:140).
El Padre Arrupe resumió este objetivo
como "la formación de hombres y mujeres
para los demás" (CONEDSI, 1993:8) inter
pretando que para Ignacio el auténtico de
sarrollo del yo se posibilita desde una nue
va dinámica de la propia generosidad; el
salir de mismo, el servicio desinteresa
do: ser hombres y mujeres para los demás,
por medio de una relación personal con Cris
to "el Hombre para los demás" (ACEJA,
1996:137).
La Evaluación
La pedagogía ignaciana considera a la
evaluacn como una instancia educativa
muy importante en el interior de los proce
sos formativos y en el desarrollo de actitu
des y valores: En los ejercicios espirituales,
a través de los exámenes particulares y los
exámenes generales se promueve el dis
cernimiento y valoración de la propia con
ducta llevando a profundizar en la propia
experiencia y pasar de la comprensn de
la misma a la intención de concretar en la
acción un compromiso personal. Tal como
en los procesos formativos, en los aprendi
zajes académicos la práctica de la evalua
ción, realizada de manera continua o al fi
nal del proceso, contribuye a la consolida
ción de los mismos aprendizajes pudiendo
considerarse a la misma una instancia edu
cativa en misma.
A modo de síntesis
En la pedagogía ignaciana y en su tra
dición, "el modo de proceder" que corres
ponde seguir a fin de llevar a buen término
la formación integral de los alumnos se sos
tiene en el conocimiento del contexto, en la
experiencia, la reflexión y la acción -articu
lados entre sí- ya que conducen a la bús
queda del sentido de la vida y a realizar
opciones personales desde la propia liber
tad y desde una visión del mundo y de la
realidad.
Desde esta visión, el paradigma edu
cativo ignaciano desde donde se orienta un
proceso educativo de formación que inten
ta la excelencia e integra lo intelectual, lo
académico y las propias condiciones perso
nales, constituye un modelo que debe ser
comprendido primeramente por los educa
dores ya que es a través de sus encuentros
con los alumnos, mientras conducen y orien
tan los procesos de aprendizaje, donde pue
den hacerse realidad los fines propuestos
para la educación desde la Compañía de
Jesús.
'Dióiaqoá. 'Pcdayaycc. Ano IV, N° 8, octubre 2006. Pág. 85-90 89
I
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